miércoles, 19 de octubre de 2011

Ciudad de Diógenes


ACTO I

ESCENA 1

Terraza de un edificio. Ropa colgada. Macetas con plantas. Piso de cemento y pared de un metro y medio de hormigón gris. De fondo se escucha ruido de tránsito a bajo volumen y un par de sirenas que pasan a lo lejos. Paula toma una Coca Cola sentada a una mesa de jardín, bajo una sombrilla, lentes de sol. César, prolijamente vestido con chomba piqué, bermudas pinzadas, ojotas,  mira a través de binoculares y anota cosas en un cuaderno.


César (sin sacarse los binoculares de los ojos habla, a Paula, o quizás para sí mismo): -Los pájaros cambiaron. No sé si es el color, o que son más chicos. Sí: es que son más chiquitos. Cosas que pasan, pero hay que cambiar los métodos, porque con los mismos aparatos ya no los podemos ver igual. Se nos escapan de la vista cuando los queremos enfocar, se corren del eje. Quizás estemos en un momento de esos en que hay que cambiar las técnicas de observación, las formas; porque no puede ser que cuando uno está haciendo todo lo que hay que hacer para verlos bien, se dé cuenta de que no los está viendo en realidad, de que son más chiquitos, o más rápidos, o más oscuros de lo que deberían ser, de lo que nos explicaron que debían ser. Quizás el cambio de clima los esté afectando, y a nosotros con ellos. Dicen que hace más calor, pero de pronto hace tanto frío que nieva en lugares que hace 70 años no nevaba. Capaz que el desquicio del tiempo nos está cambiando hasta los pajaritos.

Paula: -Y, ayer en la tele pronosticaron lluvia y mirá. Siempre pasa lo mismo, yo no hago más caso. Un día van a decir que se viene el invierno y va a ser junio. (Dándose cuenta de su error) No, pará. Marzo quise decir. Se me mezcla el otoño y el invierno, el orden. Es que si te ponés a pensar, la lógica diría que primero viene el invierno, que es el más frío, después el otoño, que hace más calorcito, y al final, primavera y verano, ¿no sería mejor así? (De repente, gritando histérica, hacia afuera)) ¡Valentín, alejate de la pared te digo! ¡Si te caés siete pisos yo después no te junto, eh! (Amenazante) ¿Cómo dijiste? ¿Cómo dijiste? (escucha un instante) Ah. Mejor así.

Paula: -Se le da por contestar ahora a este chico, yo no sé lo que le pasa.

César: -Dejalo, es la edad. A mí me parece que es según como lo mires. Porque fijate que si empezás por la primavera, después viene el verano, que es más calentito, vuelve a un poco más frío en otoño, y termina con el frío de cagarse del invierno.

Paula: -Sí, pero de ahí salta a la primavera, que es más caliente que el otoño. No funciona.

César: -Tu vuelta tampoco, vos decís invierno-otoño-primavera-verano y fijate que después del verano, pegaría el salto al invierno otra vez, sin nada en el medio.

Paula: -Está mal hecho. Tendría que haber entonces otro otoño en el medio: primavera-verano-otoño-invierno-otoño-primavera.

César: -Es que es depende cómo lo mires. El detalle es saber cuál fue la primera estación del año del mundo. Pero es como la gallina y el huevo.

Paula: -Che, ¿y pudiste ver algo?

César: -Sí, lo estaba por anotar. Vi una paloma blanca, que es bastante raro, y un gorrión muy clarito. Pero después el viento mandó el humor ese negro un poco para este lado y los pájaros se deben haber ido por el olor. ¿Viste el olor que hay? Parece que hubo un incendio o algo de aquél lado. Ah, también vi un colibrí en el jardín de Jorge y Guillermina, contra la Santa Rita, pero me parece que es el mismo de la semana pasada.

Paula: -¿Cómo sabés?

César: -Porque vuela igual.

Paula: -Y vos justo estabas mirando para allá cuando apareció.

César (ofuscado): -¿Otra vez con eso? No. El colibrí apareció por la esquina, lo seguí, y justo fue a la Santa Rita de Guillermina.

Paula: -Justo. Qué casualidad.

César: -¿Sabés qué? Me tenés un poco cansado con ese asunto de...

Se interrumpe porque Paula le hace un gesto de que espere y haga silencio, mientras mira hacia algún lugar del suelo de la terraza.

Paula: -¿Viste eso?

César: -Qué cosa.

Paula (subiéndose lentamente a la silla) :- ¿Eso fue una rata?

César: -¿Dónde?

Paula: -Allá, de aquél lado¡¡¡Una rata, César una rata!!!

César (pegando un salto arriba de otra silla) : -¿Dónde, dónde?

Paula: -¡¡¡Valentín, corré a la puerta y volvé a casa ya!!!

César (desde arriba de la silla): -Hay una rata, Valen, andá a casa que papá la va a matar, dale.

Paula: -¿La vas a matar?

César: -¡Ni en pedo!

Paula: -¡Pero mirá que sos cagón! Con una escoba del cuartito, pegale en la cabeza.

César: -¡Ahhh, mirá qué fácil! ¡Matala vos, si es tan fácil!

Paula (histérica, desesperada): -¡¡¡Viene para acá, vine para acá, hacé algo!!!

César le grita varias veces como si fuera un animal asustado y furioso que quiere alejar el peligro.

Paula: -Ahí se fue, ahí se fue. Gracias. ¿Pero por qué no la mataste?

César: -¿Estás loca? ¿Qué te creés que es una cucaracha o una polilla? Es un mamífero, Paula, asqueroso, pero mamífero. Tiene sangre, cerebro, músculos, hígado, huesos. Produce saliva. Cuando le pegás con un palo todo eso se siente, ¿entendés?. Te das cuenta de que estás rompiendo algo que es más o menos como vos, ¿me explico?. Por eso no puedo, además del enchastre. Cuando matás a una cucaracha no sale sangre, solo esa cosita blanca, y no le rompés los huesos. La pisás y sentís como si pisaras una Criollita con Mendicrim. Pero una rata es como un ser humano, más feo. Ni en pedo te mato una rata a palazos.

Paula: -¿Y si te quedás encerrado con una qué vas a hacer? ¿Gritarle hasta que se suicide?

César: -¿Para qué se inventó el veneno?

Entran Dora y Raúl, alarmados. Dora trae puesto un batón, como si recién se levantara de la cama. Raúl lleva una carabina en la mano.

Dora: -¿Qué pasa, qué son esos gritos? Querida, ¿te hizo algo este tipo? (los mira por un segundo, más tranquila) ¿Qué hacen ahí arriba?

César (bajando presuroso y avergonzado): -Nada, Dora, no pasa nada.

Paula: -Vimos una rata.

Raúl (levantando el arma, apuntando a todos lados) ¿Dónde? Decime dónde que la hago cagar de un tiro.

Paula: -Ya se fue, ya se fue. Lo que yo digo es ¿cómo puede haber una rata en la terraza, séptimo piso? No es lógico, ¿verdad?

Dora (sabiendo la causa, ocultándola): -Y, no. No es lógico. Pero hay.

Pausa

Dora: -Igual, ¿qué fueron esos gritos? ¿Gritabas vos, César? ¿Los atacó, qué pasó?

César: -Nada, Dora, le gritaba a Valentín que fuera a casa. Las ratas transmiten enfermedades.

Raúl: -Cada vez que decís "Nada Dora" me acuerdo de Esther Williams.

Dora: -La rata es un bicho peligrosísimo. Si te pica te puede dar rabia.

César: -Sí. Hidrofobia.

Raúl: -Hidro-fobia. Esther Williams no debía tener.

Dora: -¡Parala con Esther Williams vos! ¡Hace cincuenta años que me hablás de Esther Williams, y desde que te retiraste, peor! ¿A los capitanes de corbeta también les hablabas de Esther Williams?

Raúl (distraído con algo que vio, se mueve lentamente): -Pará. (Apunta el rifle. Dispara) ¡Le dí a la hija de puta, le dí! (sale de escena a buscar la rata)

Paula: -Pero che, ¿puede ser posible un rata en la terraza?

Entra Raúl con una rata negra muerta enganchada en el cañón del rifle. ¿Era esta?. Paula y César se miran.

César: -No. Era una blanca.

Dora (muy preocupada): -¿Dos?

 Ya sé, ya sé. Ahora querés saber si esto de las ratas se empieza a complicar. Y sí, se empieza a complicar. Así que si querés seguir leyendo mandame un mail a nicoallegro@gmail.com y te la mando (no te paranoiquees, es gratis, solo lo hago para no publicar 25 páginas en una entrada, que quedaría mal). Saludos.